9.8.12

¿Le temes a la oscuridad?


By DIEGO R.F

El sábado salí con unos amigos en busca de sexo, alcohol, drogas y todo lo demás por lo que vale la pena vivir. Terminamos en un típico lugar barranquino con nombre de soldado (no era wahios, ni tizón, ni primax porsiaca...) después de una cierta cantidad de alcohol ingerida, que resultaría dañina incluso para los jugadores del Sport Boys, me dispuse a hablarle a una señorita con cara de ardilla y cuerpito de impulsadora de plaza vea (lo cual era un hitsazo tomando en cuenta los estándares del lugar).

Estaba sentada sola, como esperando a que algún  noble caballero la rescatara de su aburrida suerte, pero llegue yo. Aunque los maestros de la seducción ordenen que uno NUNCA debe acercarse a una mujer sola, ya que encarando a la presa más indefensa tus intensiones de lobo disfrazado de cordero quedan totalmente expuestas.

Ellas pueden sentir tus garras y tus dientes afilados buscando su cuello, espantarse y salir corriendo, pero me quite esa carga de encima con las palabras: "Hola, mi amigo quiere saber cómo te llamas". Los presenté y los deje hablando solos como si hubiera renunciado a ella, como obsequiándosela al macho Alfa de la manada. A los pocos minutos volví a atacar, como manda el libro.

Esta vez para que ella decida a quién le prestaba más atención, con quién se sentía más cómoda y cuando mi compañero aceptó su derrota se retiró. Aunque esto seguía siendo parte del plan, me hizo sentir superior. Mi primer regalo hacia ella, dejarla elegir, había salido a la perfección. Mi pequeña, acelero el trámite proponiéndome que la acompañe a la terraza a fumar un cigarro. Un check más en mi lista. ¡Todo estaba taaan fácil!.

Pero al salir a la terraza, la luz me hizo ver la verdadera situación de los hechos. La carita de mi pequeña no era de ardilla, más bien de hamster de laboratorio después de recibir algunas pruebas de cosméticos que los científicos archivaron como #EPICFAIL. Su cuerpito si era de impulsadora, pero de turrones de la Av. Wilson.

Mi cerebro, al perder interés, empezó a relacionar ideas mientras ella hablaba. Un dejavu inmediato me remontó a mi infancia y a ese programa "Le temes a la oscuridad" porque no quería volver a entrar a ese lugar. ¿Con qué saldría la próxima vez? Y principalmente, cómo muchos factores confabulan para que sean ELLAS las que se ganen con nosotros:

Foto tomada por uno de mis amigos esa noche,
espero que no la  compartan con nadie, por favor.
+ Primero, maquillaje por todos lados, escotes y minifaldas que pueden hacer el trabajo de varios meses de gimnasio si sabes donde ajustar y qué mostrar.
+ Segundo, estamos en un local cerrado, con música a todo volumen, ¡oscuro! díganme quién va a distinguir una cara linda de una cara normal, aceptable o común... comun hámster mas bien!
+ Y tercero, se quejan de que estamos ebrios... ¿qué más quieren? parece que no se han dado cuenta que si no fuera por el alcohol, las personas feas no existirían, ¡no tendrían como reproducirse!.

Así que creo yo, tienen MUCHO que agradecer. Yo estuve a medio vaso de haber terminado la noche envuelto en las garras de esta despiadada chica que solo quería aprovecharse de un chico lindo y su tierna borrachera.

Los hombres tenemos mucho que reclamar también. Mi salida de fin de semana dejó de convertirse en ¡Fuck Yeah! Y se convirtió en otra historia más para contarles a todos mis patas!

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